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COVID-19: creció el autocuidado por sobre la prevención colectiva

Desde el inicio de la pandemia al día de la fecha, se observaron cambios significativos en el comportamiento social respecto a los cuidados del virus: “Hubo una retracción de las prácticas de autoatención en términos de un cuidado preventivo de la comunidad, en comparación con los estadios iniciales de la pandemia”, El antropólogo social, investigador de la Secretaría de Investigación y Posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales y becario doctoral del CONICET, Miguel Ávalos.

“Cuando no se sabía ni en qué consistía el coronavirus, lo básico fue la autoatención colectiva. Cuando empezó a avanzar un poco más y la información comenzó a ser mayor, la gente se empezó a relajar: cerca de mayo, junio empezaron a aparecer experimentos con drogas, la posibilidad de una vacuna, y la gente empezó a prestar más atención al cuidado de sí mismo y descuidó el cuidado del otro”, sostuvo.

¿Qué es la autoatención?

En primer lugar, el antropólogo definió la autoatención como “todas las acciones para prevenir, diagnosticar y atender los padecimientos de una enfermedad particular que desarrollan las personas y sus micro-grupos. Cuando digo micro-grupos, me refiero a las redes de afinidad. Es decir, que se incluyen todas las acciones de atención que hacés vos y que también se replican en tus círculos sociales más cercanos”, explicó. “Para entender y atender los padecimientos de una enfermedad, la gente echa mano a lo que tiene a su alcance y lo primero, son sus redes. Por eso es tan usual que al sentir un dolor particular le preguntes a tu mamá, abuela o vecina qué podes tomar”, agregó.

En relación al COVID, pasó lo mismo: “Salieron una cantidad de noticias de nuevos experimentos y la gente comenzó a probar y recomendar porque escucharon que a fulana le funcionó”.

En este sentido, Ávalos destacó el papel clave y peligroso de la comunicación mediática en la auto-atención que incide en las formas de pensar y de actuar de las personas: “Las redes sociales y los grupos de Whatsapp, van haciendo circular información errónea o incompleta porque es sacada de su contexto y esto puede resultar muy peligroso si lo toman como datos ciertos sin chequear”, mencionó.

Al respecto, se refirió a la última droga que causó polémica: la Ivermectina que “si bien es cierto que se usa para pacientes con coronavirus, hay que entender que su utilización es exclusiva para contextos terapéuticos y con acompañamiento médico. No es mentira que esta medicación puede llegar a servir, pero el tema está en cómo, cuándo y a quién”.

Cuidado individual vs cuidado colectivo

Según Ávalos, “estamos frente a un movimiento doble: por un lado se produjo una expansión de la autoatención pero en términos de autocuidado: prevenir la enfermedad para cuidarse a uno mismo y que, mayormente se da con el consumo de fármacos. Por el otro lado, hubo una clara retracción de otras prácticas de autoatención que incluyen el cuidado del otro”, destacó.

Es por ello que el uso del tapa bocas, higienización de espacios comunes y respeto por el distanciamiento social, disminuyeron notablemente. “Se produjo un retraimiento de todas estas acciones que implicaban el cuidado del otro: supimos de gente que eran contactos estrechos de casos positivos o que incluso tenían los síntomas del COVID pero sin embargo andaba paseando, comprando y juntándose con otras personas, sin cumplir el aislamiento y poniendo en riesgo la salud de su círculo social”, sostuvo.

Sin embargo, el antropólogo remarcó que “es fundamental que volvamos a pensar la autoatención del coronavirus como un cuidado colectivo y no como un cuidado individual, porque todavía no sabemos cómo actúa este virus en términos de re contagio o si habrá una segunda ola o cómo es la mutación del virus. Todavía seguimos en un mundo desconocido”.

Por ello, consideró que “la adopción de las buenas prácticas que tuvimos al inicio de la pandemia son claves. La autoatención debe ser entendida como proceso social y colectivo. No solamente como autocuidado, mero acto individual, sino como parte de un cuidarnos más amplio”, concluyó.

No hay que consumir fármacos sin conocer sus efectos

A partir de mayo, el antropólogo social Miguel Ávalos comenzó a hacer un seguimiento de ciertos productos de la industria químico-farmacéutica que siguen siendo probados, estudiados y también consumidos para tratar y/o prevenir la COVID19.

Entre ellos: la hidroxicloroquina, la cloroquina, el dióxido de cloro, la ivermectina, la azitromicina, o el ibuprofeno, entre otros.

Algunos de estos como la cloroquina fueron probados por personas reconocidas como Donald Trump o Jair Bolsonaro, siendo que “algunos estudios no solamente muestran que no generan beneficios sino que también tienen graves efectos cardíacos en los pacientes”.

O Viviana Canosa y la polémica tras ingerir el dióxido de cloro en su programa televisivo.

Respecto a la ivermectina, “viene siendo estudiada en distintos países, entre ellos Argentina. Un estudio recientemente publicado señaló que el tratamiento con ivermectina se asoció con una menor mortalidad durante el tratamiento de COVID-19, especialmente en pacientes con compromiso pulmonar grave. Sin embargo, no es cierto que no provoca efectos adversos en dosis no controlada. Por eso se coincide en la necesidad de que su ingesta se dé en el marco de un tratamiento acompañado por un médico”, explicó.

Todo esto refuerza lo señalado acerca de la autoatención: “Sabemos que la gente está consumiendo la ivermectina, y lo está haciendo sin la supervisión médica”, aseguró.

Disminuyó el cuidado del otro

Como proceso social, hubo muchos factores que influyeron en el relajamiento social y retraimiento del cuidado por el otro.

En un primer momento, de incertidumbre y temor a lo desconocido, hubo una mayor tendencia al cumplimiento de los protocolos sanitarios ya que “al no saber casi nada acerca del COVID-19, la gente tenía miedo de que cualquier cosa que hiciera pudiera afectarla así como a su círculo social”, señaló Ávalos.

Sin embargo, a medida que pasó el tiempo, se produjo un relajamiento social del que será difícil salir. “El hecho de conocer personas que tuvieron el virus y se recuperaron, hizo que la gente crea que no es para tanto o que con aislarse unas semanas es suficiente”, explicó.

También influyó “el agotamiento de un aislamiento que se prolongó mucho en el tiempo y, sumado a esto, el avance del mercado farmacéutico que comenzó a producir e investigar todo tipo de drogas”, agregó. Todo esto “fueron factores que hicieron que las personas tomen otro tipo de acciones frente al cuidado del COVID”.

Fuente: Primera Edicion

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