El año deportivo comenzó temprano para el semillero de Misiones Lucha. Desde los primeros días de enero, la Selección Misionera de Lucha Olímpica trabaja de manera intensa en el Parque de la Ciudad, en Posadas, donde un grupo de deportistas entrena a diario con la mirada puesta en un calendario que no da respiro y en objetivos que trascienden lo inmediato.
Las jornadas combinan tareas físicas, trabajos específicos sobre colchoneta y ajustes técnicos, en una pretemporada pensada para sentar bases sólidas. El enfoque está puesto en llegar de la mejor manera a las primeras competencias oficiales del año, pero también en sostener un proceso formativo que permita seguir elevando el nivel de la disciplina en la provincia.
Dentro del grupo, los juveniles de la categoría sub17 aparecen como los primeros en entrar en zona de competencia. En marzo deberán presentarse en Buenos Aires en el Selectivo Nacional organizado por la Federación Argentina de Luchas Asociadas, una instancia clave que otorgará plazas para el Torneo Panamericano de la categoría, previsto para abril en Panamá. La posibilidad de representar al país en una cita continental funciona como un fuerte motor anímico para los jóvenes luchadores.
La realidad del equipo misionero obliga incluso a una instancia previa de selección interna. La cantidad y el nivel de atletas en la divisional hacen necesario definir quiénes serán los representantes provinciales, teniendo en cuenta además requisitos administrativos como la documentación obligatoria para competir en el exterior. Esa competencia interna eleva la exigencia cotidiana y potencia el crecimiento individual.
Un aspecto destacado de la preparación es la convivencia en los entrenamientos entre los juveniles y referentes consolidados de la lucha misionera. Figuras como Ricardo Báez, Camila Amarilla, Mauricio y Eduardo Lovera, con experiencia olímpica juvenil, comparten espacio con los más chicos, generando un intercambio que va más allá de lo técnico. El roce diario con atletas de elite nacional se transforma en aprendizaje y en un espejo donde mirarse.
En cuanto a los nombres propios, la base sub 17 cuenta con varios luchadores que llegan con antecedentes destacados. En la rama femenina se destaca Danna Costa, campeona nacional en los Juegos Evita y subcampeona sudamericana, mientras que en el masculino aparecen Elías Delgado y Thiago Amarilla, ambos con podios internacionales y nacionales. A ellos se suma un grupo amplio que integra la nueva camada. Celina G’rden, Jeremías Villar, Pedro Rivas, Leonardo Lovera, Facundo Barreto y Josué Albre, entre otros, que sostienen el crecimiento colectivo.
Desde el cuerpo técnico remarcan que el entusiasmo es uno de los rasgos más visibles de esta etapa. Tras el receso de fin de año, los propios atletas fueron quienes impulsaron el regreso temprano a los entrenamientos, con consultas constantes y predisposición para retomar la actividad.
La conducción del proceso está a cargo de Leonardo Cáceres, quien asumió a mediados del año pasado y trabaja en conjunto con la Asociación Misionera de Lucha. La idea que atraviesa la planificación apunta a formar luchadores integrales, con hábitos propios del alto rendimiento y una mirada que no se agota en el resultado inmediato