“Es el fin de una historia agradable y el comienzo de una realidad brutal donde la geopolítica entre las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”, afirmó Carney.
En este marco, el mandatario hizo un llamado a las naciones de rango medio, como Canadá, Argentina, y otras potencias regionales, para actuar de forma conjunta y evitar ser relegadas en la toma de decisiones internacionales. “Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú”, concluyó.
Carney cuestionó la tendencia de los países a adaptarse pasivamente a la lógica de la rivalidad de poder, argumentando que la sumisión no garantiza la protección nacional.
“Frente a esta lógica, existe una fuerte tendencia de los países a seguir la corriente para llevarse bien. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el cumplimiento compre seguridad. No será así”, sentenció el líder canadiense.
Citando al checo Václav Havel, el Primer Ministro comparó la situación internacional con un sistema sostenido por rituales vacíos que nadie cree realmente, pero que todos ejecutan por temor.
“El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la voluntad de todos de actuar como si fuera verdad. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una persona deja de actuar, la ilusión comienza a resquebrajarse”, explicó.
El jefe de gobierno señaló que el orden internacional previo era en parte una ficción útil que dejó de ser funcional para países como Canadá debido a la asimetría en su aplicación. “Este pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, subrayó Carney durante su intervención.
La integración económica como arma
Según el mandatario, las grandes potencias transformaron la interdependencia global en una herramienta de presión política y vulnerabilidad estratégica. “No se puede ‘vivir dentro de la mentira’ del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de su subordinación”, declaró.
En este sentido, Canadá propone una estrategia que denomina “realismo basado en valores”, buscando un equilibrio entre la defensa de principios democráticos y la ejecución de políticas pragmáticas. “Nuestra nueva estrategia se basa en lo que Alexander Stubb, presidente de Finlandia, llamó ‘realismo basado en valores’. Para decirlo de otra manera, aspiramos a ser principistas y pragmáticos”, definió el Primer Ministro.
Carney detalló una serie de medidas internas destinadas a reducir la vulnerabilidad de Canadá, incluyendo incentivos a la inversión y un aumento significativo en el gasto de defensa. “No solo confiamos en la fuerza de nuestros valores, sino también en el valor de nuestra fuerza. Estamos construyendo esa fuerza en casa”, manifestó.
Diversificación estratégica y alianzas
El discurso destacó además la firma de múltiples acuerdos comerciales y de seguridad en diversos continentes como método para evitar la dependencia de un solo poder hegemónico. “Estamos construyendo las coaliciones que funcionan, tema por tema, con socios que comparten suficiente terreno común para actuar juntos”, señaló Carney sobre su política exterior.
Para finalizar, el funcionario, que fue director tanto del Banco Central de Inglaterra como del Banco Central de Canadá, sentenció lo inevitable: “El viejo orden no volverá”.