Datos versus relato. Mientras el presidente Javier Milei desembarcaba en Suiza con un overol de YPF —que, según se observa, es una de sus indumentarias favoritas—, el mundo esperaba las presentaciones de los líderes globales en la ya tradicional reunión de Davos. Más allá del encuentro que suele marcar las orientaciones de la economía mundial para los próximos meses, la agenda estuvo atravesada por una fuerte tensión geopolítica, producto de distintos conflictos que amenazan la paz y, por ende, la estabilidad económica global.
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Sin dudas, una de las intervenciones más esperadas fue la de Donald Trump. El siempre polémico líder estadounidense no decepcionó: se refirió a sus intenciones sobre Groenlandia, a las que justificó en términos de seguridad estratégica, al considerar que su ubicación la convierte en un territorio clave frente a Rusia y China. Defendió un modelo económico “fuerte y robusto”, respaldó su política de aranceles y reivindicó los resultados obtenidos durante su gestión a partir de esa herramienta. También fue crítico con Europa y la OTAN, cuestionando su aporte en materia de defensa, así como sus políticas energéticas e inmigratorias. En ese marco, anunció la incorporación de varios de sus pares al denominado Consejo de la Paz, una iniciativa que buscaría promover la resolución de conflictos y políticas de reconstrucción en zonas afectadas, como Gaza.
La cita de 2026 reunió a cerca de 3.000 líderes de más de 130 países y tuvo como uno de sus oradores al presidente argentino, quien presentó un resumen de los logros alcanzados desde su llegada al poder. Su discurso se centró en la defensa del libre mercado, la ética del capitalismo y la reducción de la intervención estatal en la economía.
Esto no pasó desapercibido para la editorial que The Washington Post le dedicó, en la que calificó como necesaria y oportuna la defensa del capitalismo y afirmó que el líder argentino “devolvió a Davos a la realidad”. El artículo también subrayó los resultados de su gestión —como la transformación de un déficit fiscal en superávit— y lo destacó como portavoz de una visión singular frente a otros líderes globales que promueven un mayor protagonismo del Estado.
En paralelo, el Banco Central compró US$1.000 millones en lo que va de enero y las reservas alcanzaron su nivel más alto en cinco años. La autoridad monetaria encadenó 15 ruedas consecutivas con saldo comprador y solo el último viernes incorporó US$75 millones. Con este resultado, las reservas brutas superaron los US$45.000 millones, un volumen que no se registraba desde septiembre de 2021. En ese contexto, el Fondo Monetario Internacional valoró positivamente el proceso de acumulación de reservas y señaló que un avance sostenido del programa económico podría mejorar el acceso del país a los mercados internacionales de crédito. En esa línea, mantuvo su proyección de crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina en 4 % para 2026 y 2027, cifras superiores al promedio mundial, estimado en torno al 3,3 % para 2026. Esa proyección ubica al país entre las economías con mayor expansión esperada a nivel global en esos años.
Buenos amortiguadores
Misiones atraviesa una crisis económica que no generó, en un contexto de caída de la actividad, del empleo y del salario real en todo el país. Mientras en otros distritos hubo recortes, endeudamiento y dificultades para pagar aguinaldos, la Provincia busca marcar una diferencia mediante una gestión activa, recambio de figuras y cercanía territorial.
En lo fiscal y social, sostiene alivios impositivos, programas de estímulo al consumo y beneficios sensibles, como el transporte, para evitar que el ajuste derive en una caída libre. Ese margen de acción se explica por un orden fiscal sostenido en el tiempo, sin endeudamiento excesivo, que no resuelve la crisis, pero la mantiene dentro de márgenes controlables. Al mismo tiempo, expone una discusión clave: la mayor presión sobre la producción y el consumo proviene de impuestos nacionales, no provinciales.
En simultáneo, y como parte de la dicotomía entre lo real y el relato, el debate con referentes libertarios dejó en evidencia la falta de respuestas concretas en torno a la baja de impuestos y a una agenda productiva clara. Cuando la discusión se traslada al terreno del empleo, los costos y los impuestos reales, el discurso oficial nacional pierde consistencia.
No se trata únicamente de una cuestión discursiva. También emergen hechos concretos que tensionan la identidad libertaria que se proclama. Mientras se denuncia a “la casta”, se replican lógicas clásicas de la política: nombramientos, armado de estructuras y asignación de cargos a ex candidatos. Las designaciones en delegaciones del PAMI Misiones de personas que integraron listas de La Libertad Avanza son un ejemplo elocuente: se cuestiona al Estado, pero al mismo tiempo se lo utiliza como herramienta para consolidar poder. Esa distancia entre lo que se dice y lo que se hace configura un doble estándar que termina debilitando la credibilidad.
Esa discusión, curiosamente, fue instalada por una voz externa a la política partidaria: un ingeniero forestal. El intercambio con el diputado nacional Diego Hartfield dejó una escena que vale más que mil diagnósticos. Cuando un referente misionero pidió medidas concretas para competir —bajar IVA y Ganancias, aliviar costos de energía y combustibles, frenar importaciones hasta contar con reglas parejas—, no hubo una respuesta puntual. Hubo una evasiva: “lleva tiempo y debate”. El ingeniero retrucó con una contradicción difícil de disimular: si se realizaron miles de reformas con velocidad, ¿por qué ahora la baja de impuestos —promesa central— requiere una paciencia infinita? El episodio no es menor por su contenido técnico, sino por su impacto político: Hartfield quedó sin respuesta.
Una reunión al divino botón
Si se habla de producción, es imposible no detenerse en la situación de los productores yerbateros. A las medidas desregulatorias que profundizan la crisis de un mercado en rojo se suma el nuevo rol de espectador del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), que ya no interviene en la fijación de precios.
Y como si el calor del verano misionero no alcanzara para recalentar los ánimos, una reunión poco productiva tuvo lugar en Campo Viera, donde se convocó a productores con el único objetivo de dejar en claro que ya no pueden fijarse precios debido a las últimas resoluciones vigentes. Se esperaba, al menos, la presencia del actual presidente del INYM, Rodrigo Correa, lo que finalmente no ocurrió y exacerbó aún más el malestar. El encuentro concluyó con la decisión unánime de cesar la cosecha hasta que el funcionario designado por La Libertad Avanza los reciba en su despacho.
“El último precio de referencia era de 411,90 pesos y no se está pagando en ningún lado. En muchas zonas se paga 180, en otras 250, y con plazos de pago. Para cubrir los costos hoy necesitamos como mínimo 600 pesos”, advirtió un representante de los productores.
Para cerrar, el planteo de fondo es concreto y no doctrinario: qué obtiene Misiones de la Nación y cuál es la agenda para una provincia fronteriza, con costos estructuralmente más altos. Mientras la Provincia busca sostener gestión, orden y cercanía, desde el Gobierno nacional no aparecen respuestas tangibles. En un escenario de creciente presión económica, la demanda social comienza a desplazarse de las consignas hacia soluciones efectivas