En una operación conjunta basada en inteligencia digital, las autoridades venezolanas e Interpol arrestaron a Rosa María González Rincón, una de las principales sospechosas de integrar la cúpula de Generación Zoe.
González Rincón es señalada como la administradora estratégica de la organización, responsable de manejar los activos digitales y proyectar una imagen de experta en algoritmos financieros para consolidar el engaño.
Según la investigación, la detenida simulaba operar un software de inversión que, en realidad, no realizaba transacciones genuinas.
Su función era crear la ilusión de ganancias extraordinarias para los nuevos inversores, ocultando que el sistema dependía exclusivamente del ingreso de capital de nuevos miembros.
Es decir, se trataba de una estafa piramidal.
Bajo la fachada de cursos de coaching, mentoring y trading, la red ofrecía “bots” de inversión y la criptomoneda Zoe Cash, que supuestamente estaba respaldada en oro, prometiendo rendimientos mensuales de hasta el 7,5% en dólares.
El alcance de la estafa fue calificado como devastador.
Se estima que la maniobra perjudicó a víctimas en Argentina, Chile, Uruguay, España y México, con montos que oscilan entre los 100 y 300 millones de dólares.
Muchos de los damnificados entregaron ahorros de toda la vida, jubilaciones y propiedades, seducidos por un discurso de “fe financiera” que colapsó a principios de 2022.
El prontuario de Leonardo Cositorto
La detención de González Rincón se produce en un contexto de múltiples condenas para el líder del grupo.
En Corrientes, Leonardo Cositorto fue condenado a 12 años de prisión por asociación ilícita y estafas continuadas a 98 ahorristas, muchos de ellos ex empleados de la firma Massalin Particulares.
El tribunal de Goya describió la operatoria como una “caza emocional y psicológica” diseñada para vaciar patrimonios.
Por otro lado, en Salta, recibió una segunda condena de 11 años de prisión por 118 casos de estafa, con un fraude que superó los 776 millones de pesos.
En dicha provincia, la organización utilizaba empresas pantalla como Zoe Construcciones y Zoe Burger para simular una actividad económica inexistente.
El colapso en Salta fue total cuando, tras la detención de Cositorto en República Dominicana, los socios locales cerraron oficinas y vaciaron las cuentas bancarias, dejando a los inversores sin respaldo documental ni financiero.