Por qué las leyes laborales argentinas protegen a todos menos a los trabajadores

Dia uno
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La enjuta extendida: cuando la infraestructura institucional cambia de beneficiario sin cambiar de forma.

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En diciembre de 2019, el Congreso argentino aprobó la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva con apoyo transversal: votaron a favor legisladores de casi todos los bloques, incluidos representantes cercanos a las cámaras empresariales.

Tres meses antes, el mismo Congreso había dejado morir en comisión un proyecto de modernización laboral que apenas proponía cuentas individuales de ahorro voluntario junto al sistema de indemnización vigente. La CGT convocó un paro parcial. La Asociación de Magistrados del Trabajo emitió un comunicado cuestionando la constitucionalidad del proyecto. Nadie llegó a votarlo.

La secuencia es perfectamente ordinaria en la Argentina. Ocurrió 23 veces desde 1991. Veintitrés intentos de reforma laboral, bajo ocho presidentes distintos, desde el populismo peronista hasta el libertarismo de Milei. Todos fracasaron. La tasa de fracaso es constante sin importar la ideología del gobierno: Menem (100%), De la Rúa (100%), Macri (100%), Milei (60% de las disposiciones sustantivas suspendidas judicialmente en 21 meses).

La explicación estándar apela al poder sindical. La CGT bloquea porque la reforma amenaza a los trabajadores. Pero hay un número que destruye esa narrativa: el 45% de los trabajadores argentinos son informales, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. No reciben ninguna protección del régimen laboral. Cero indemnización, cero negociación colectiva, cero jurisdicción de tribunales del trabajo. Si se agregan los monotributistas y categorías grises, la proporción de la fuerza laboral que recibe el paquete completo de protección baja al 35-40%.

El régimen diseñado para proteger “al trabajador” protege, como máximo, a cuatro de cada diez trabajadores reales. Los otros seis están solos.

Si el régimen no sirve a los trabajadores, ¿a quién sirve?

Propongo que el derecho laboral argentino es lo que denomino una enjuta extendida (extended spandrel). El concepto combina tres líneas de la biología evolutiva que nunca habían sido sintetizadas de esta manera.

Una enjuta (Gould y Lewontin, 1979) es un subproducto estructural: un rasgo que surgió no porque fuera seleccionado, sino como consecuencia necesaria de construir otra cosa, como los espacios triangulares entre los arcos de una catedral. La exaptación (Gould y Vrba, 1982) es la cooptación de un rasgo para una nueva función. Y el fenotipo extendido (Dawkins, 1982) es un artefacto que un replicador construye para mejorar su propia supervivencia: el dique del castor es el fenotipo extendido de los genes del castor.

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