Las primeras reconstrucciones indican que los disparos se produjeron en un pasillo del colegio, en las inmediaciones de la oficina de la dirección. Según precisaron las autoridades, el agresor no llegó a ingresar a las aulas. Aun así, la escena fue de pánico: estudiantes se tiraron al suelo, intentaron esconderse detrás de muebles y bloquear puertas con sillas para evitar ser alcanzados por las balas.
El coronel Felipe Russo, jefe del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE), confirmó que las dos víctimas fatales eran inspectores de la institución. Sus cuerpos fueron hallados en el lugar donde ocurrió el tiroteo. “Recibieron disparos frontales. La cantidad exacta de disparos será determinada por los peritajes“, explicó el oficial en declaraciones a medios locales.

En cuanto a los heridos, las autoridades informaron que un estudiante sufrió una lesión en una pierna producto de un disparo, mientras que un adulto también resultó alcanzado. Ambos fueron asistidos por equipos del Servicio de Atención Móvil de Emergencias y se encuentran fuera de peligro.
En la escena del crimen, los investigadores recolectaron casquillos y cargadores que quedaron esparcidos en el suelo. La División de Homicidios y el Instituto Médico Forense trabajan para determinar con precisión la secuencia del ataque y las circunstancias en las que el menor accedió al arma.
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Uno de los puntos que ahora centra la investigación es la posible participación indirecta de otros alumnos. Según confirmó Russo, la Policía ya identificó a estudiantes que habrían tenido conocimiento previo del plan. “Serán localizados y se establecerá qué tipo de responsabilidad tuvieron”, advirtió.
Mientras tanto, la comunidad educativa de Rio Branco permanece conmocionada. Padres y docentes esperan respuestas en medio del dolor, mientras las autoridades avanzan con la investigación para esclarecer cómo se gestó el ataque