La mañana del día en el que iba a convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en renunciar, el único hasta hoy, Richard Nixon desayunó frugal: cereales, leche y jugo de naranjas. No era que hubiese adoptado un estilo de vida espartano: la noche anterior se había pescado una tremenda borrachera, en parte a solas, en parte junto a su mano derecha, el secretario de Estado Henry Kissinger, que apenas bebió, y había protagonizado una escena demencial que retrataba los últimos años de su segundo mandato, que quedaría inconcluso.
Se emborrachó, lloró y rezó: cómo fueron las últimas horas de Richard Nixon antes de renunciar a la presidencia de EE.UU.
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