Tras dejar atrás intensos meses de entrenamiento en Córdoba y sortear imprevistos de último momento, el equipo nacional se ubicó en el sexto lugar y abrió una posibilidad concreta de clasificar a los Juegos Mundiales.

Desde España, la joven gimnasta no ocultó su emoción por el logro obtenido: “Fue un sueño, fue lo que fui a buscar. La verdad es que estoy llena de orgullo por representar bien a mi bandera”.
Para alcanzar este nivel, el proceso requirió de una preparación integral que incluyó aspectos físicos, logísticos y psicológicos. Leguizamón detalló que transitó por muchos nervios y destacó el soporte de su entorno: “Tuve una preparación con mi psicólogo, Gonzalo, que me acompañó durante todo este proceso, mis entrenadoras y mi familia, que pudo acompañarme tanto personal como económicamente”.
El valor de no rendirse
La previa del certamen mundialista no estuvo exenta de complicaciones. Una de las integrantes del grupo sufrió una fractura de peroné pocas semanas antes de viajar, lo que obligó al cuerpo técnico a incorporar a Kevin Riveros, campeón argentino de la disciplina.

La modificación alteró los esquemas de la coreografía y demandó que la atleta misionera redoblara sus viajes de preparación hacia el centro del país para ajustar la sincronización con sus compañeros de Córdoba y Mendoza.
La entrenadora Rossana Gutiérrez, quien también viajó al frente del plantel juvenil, describió la intensidad de la hazaña y la reacción de las delegaciones rivales ante el festejo albiceleste: “Para nosotros fue más que una medalla. Todos nos miraban como diciendo cómo festejan tanto, los europeos no entendían que para nosotros realmente fue increíble lo que se vivió”.
Además, la preparadora resaltó el impacto de haber alcanzado el sexto puesto: “Las chicas, al obtener el sexto puesto en un mundial, tienen la posibilidad de ir a los Juegos Mundiales. Para nosotros sería muy importante porque es abrir la puerta dentro de lo que es el ciclo olímpico”.
El horizonte en el Panamericano de Brasil
El cierre de la competencia en el escenario mayor dejó sensaciones imborrables para todo el grupo de atletas. Leguizamón recordó con mucha emoción ese instante: “Fue emocionante, todas llorando cuando salimos, orgullosas de todo lo que pudimos hacer ahí arriba. Dejamos el alma en ese escenario”.
Para la misionera, la experiencia ratificó que el camino deportivo recién empieza y que la proyección internacional continúa vigente.
La agenda de la gimnasta no da tregua, ya que en el horizonte cercano aparece el Campeonato Panamericano que se disputará en noviembre en la ciudad brasileña de Aracaju, donde competirá tanto en la modalidad grupal como en la categoría individual.
Leguizamón analizó los desafíos que se vienen para la delegación: “En el Mundial quedamos primeras de América, así que buscamos un buen resultado también en esa competencia”.
A pesar de la cercanía geográfica del próximo torneo, la deportista advirtió que los costos de traslado representan un obstáculo constante porque sigue habiendo “precios elevados” para costear la logística de la alta competencia.