El reciente ataque de una palometa a una adolescente de 14 años volvió a encender la alerta sobre los riesgos que implica bañarse en sectores no habilitados del río, especialmente durante los días de intenso calor. El episodio puso el foco en un problema recurrente del verano ligado al ataque de estas especies; y la falta de conocimiento sobre cómo identificar áreas donde es más probable la presencia de estas especies.
Según explicó Franco Bacigalupi, existen características claras que permiten reconocer los sectores de mayor riesgo. Las palometas y las rayas suelen concentrarse en zonas de poca profundidad, con playas amplias, aguas relativamente quietas y presencia de algas, ya que estos ambientes les sirven de refugio y facilitan su alimentación. En el caso de las rayas, es común encontrarlas cerca de la costa, en lugares donde se acercan mojarritas y otros peces pequeños, muchas veces atraídos por restos de comida que dejan los bañistas.
Las palometas, en tanto, no atacan por alimentación sino por defensa. El calor extremo eleva la temperatura del agua y, sumado al movimiento brusco o al “barullo” de las personas, puede generar reacciones agresivas, especialmente en horarios críticos como el mediodía y el atardecer. “Cualquier movimiento intenso puede ser interpretado como una amenaza”, advirtió Bacigalupi, al remarcar que se trata de un comportamiento natural dentro de su hábitat.
El episodio se registró en la playa de Candelaria, un sector que no está habilitado para el baño y que además no cuenta con guardavidas, una situación que se repite en varios puntos de la costa donde, pese a no tener autorización ni controles, la gente ingresa al agua impulsada por las altas temperaturas. Este tipo de lugares, sin delimitación ni evaluación previa, suelen coincidir con ambientes propicios para la presencia de palometas y rayas, lo que incrementa el riesgo de incidentes como el ocurrido recientemente.
El caso reciente de la adolescente herida volvió a exponer un patrón que se repite cada verano: el ingreso al río en sectores no aptos para el baño, muchas veces sin señalización ni controles, impulsado por las altas temperaturas. Insisten en que estos episodios no son aislados y que la convivencia con estas especies requiere extremar cuidados, evitar zonas con algas o restos de comida y prestar atención a las condiciones del entorno antes de ingresar al agua.