En medio del polvo y el silencio quebrado solo por el paso de los equipos de rescate, Nelson conversó con un patriarca religioso de la comunidad local. Su testimonio, cargado de una profunda humanidad, se contrapone al estruendo de las explosiones que marcaron las últimas jornadas.
El líder religioso no ocultó su angustia al observar las decenas de casas reducidas a escombros. Con una serenidad que impactó al equipo periodístico, dejó en claro su postura frente a la teología del odio: “Me da mucha pena lo que está pasando. Dios no mata”, sentenció de forma tajante.
Para el Patriarca, la clave de la resolución del conflicto reside en un origen compartido que la política y la guerra parecen haber olvidado. “Nosotros somos los hijos de Abraham, tenemos que ser hermanos. Vivir juntos en paz”, afirmó, haciendo un llamado a la unidad entre los pueblos que habitan la región.