Los países ricos se encuentran bajo una presión cada vez mayor para que entreguen su parte del histórico paquete de ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI) a las economías más pobres del mundo, las cuales están luchando contra el impacto de la pandemia de coronavirus.
El Fondo distribuyó u$s 650 mil millones en Derechos Especiales de Giro (DEG) -una forma de activo de reserva que, de hecho, constituye dinero recién acuñado- entre sus países miembros para ayudar a apuntalar sus finanzas.
Los DEG complementan otros activos de reserva de los países, como bonos, divisas y oro. La última vez que se entregaron fue en 2009, después de que la crisis financiera creara una urgente necesidad de liquidez.
La asignación de esta semana es una parte emblemática de los esfuerzos de los legisladores para abordar las consecuencias de la generalizada recesión desencadenada por Covid-19.
Sin embargo, los fondos se asignaron a los 190 países miembros del FMI aproximadamente en proporción a su participación en la economía mundial. En consecuencia, las naciones de bajos ingresos sólo recibieron u$s 21 mil millones, según el Fondo. En total, los países emergentes y en desarrollo recibieron u$s 275 mil millones.
Los u$s 375 mil millones restantes se destinaron a unos 40 de los países más ricos del mundo, a pesar de que muchos de ellos ya están en vías de recuperación económica, beneficiándose de la amplia disponibilidad de vacunas y de la abundante liquidez proporcionada por sus bancos centrales.
Los críticos dijeron que esos países estaban actuando con demasiada lentitud para encontrar formas de utilizar sus DEG para ayudar a los países más necesitados.
Nadia Daar, directora de la oficina de Oxfam International en Washington, señaló que aunque los u$s 21 mil millones recibidos por los países de bajos ingresos eran «muy necesarios y serán de gran ayuda», estaban «muy lejos de ser suficientes».
El FMI ha estimado que los países de bajos ingresos necesitarán u$s 450 mil millones en los próximos cinco años para financiar su recuperación de la crisis del coronavirus.
En junio, el G7, un grupo formado por las naciones más ricas del mundo, acordó en principio canalizar u$s 100 mil millones hacia los países más vulnerables, ya sea en forma de DEG o de préstamos, pero aún no se ha tomado ninguna medida.
Esta semana, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, hizo un llamamiento a los adinerados receptores de los nuevos DEG para que los reasignen a los países que más los necesitan.
Pero es poco probable que los países simplemente donen sus DEG a otros países. Los DEG no son dinero en efectivo, sino un activo de reserva que puede venderse a cambio de efectivo. Los activos de reserva normalmente se mantienen en el banco central de un país, el cual es poco probable que tenga un mandato para ceder sus reservas.