La crisis golpeó de lleno a los empleadores de todo el país y el total de firmas registradas cayó a 481.015 en junio según la consultora CEPA. La contracción del entramado productivo arrastró al empleo, con una pérdida de 434.126 puestos de trabajo registrados.
El escenario para los empleadores y las unidades productivas argentinas muestra un deterioro constante que se profundizó en el primer semestre. De acuerdo con los últimos datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), procesados por la consultora CEPA, la cantidad de empresas activas en el país volvió a caer en junio y ya acumula una pérdida de 31.342 firmas desde noviembre de 2023, el mes previo a la asunción de Javier Milei. La retracción achicó el universo productivo nacional, que pasó de tener 512.357 empleadores registrados a registrar apenas 481.015 en la última medición.
La caída de junio significó la pérdida de 709 empresas respecto de mayo, un mes que a su vez había mostrado una baja de 2371 firmas en comparación con abril. Los números consolidan una tendencia preocupante para el sector privado, que acumuló una reducción de 9147 empresas en la primera mitad del año, mientras que la pérdida interanual llegó a las 16.386 unidades productivas.
Menos firmas y planteles más chicos
El achicamiento de la estructura empresarial impactó de forma directa en los trabajadores registrados. En noviembre de 2023, las empresas contaban con 9.857.173 empleados en sus nóminas, una cifra que para junio de este año cayó a 9.423.047. Esta diferencia representó la destrucción de 434.126 puestos de trabajo registrados en el período, de los cuales 22.513 correspondieron al último mes analizado.
El último informe de flujos de empleo y demografía de empresas de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social aportó detalles sobre el comportamiento del sector y determinó que, hacia fines del año pasado, el balance entre la apertura y el cierre de firmas fue negativo. En el cuarto trimestre, la tasa de cierres alcanzó el 3,8%, mientras que el stock de empresas se redujo en 6243 unidades.
Sin embargo, los técnicos del organismo explicaron que el problema principal no radicó en una ola descontrolada de persianas bajas, sino en la falta de iniciativa para emprender: “La reducción del entramado empresarial se explica principalmente por el bajo nivel de aperturas y no por un incremento extraordinario de los cierres”. Según el documento oficial, las aperturas representaron apenas el 2,5% del total de firmas, lo que se ubicó como uno de los valores más bajos de la serie histórica.
La debilidad de la actividad también afectó el funcionamiento interno de los establecimientos que lograron sostenerse en pie. El análisis oficial permitió distinguir entre las empresas que efectivamente dejaron de operar y aquellas que continuaron activas pero achicaron sus plantillas. Durante el último tramo del año pasado, la mayor parte de la caída neta del empleo se explicó por este segundo fenómeno, ya que las firmas continuadoras que redujeron su personal destruyeron más puestos que los generados por las compañías que incorporaron trabajadores. En ese período, las empresas que expandieron sus dotaciones generaron 205.368 puestos de trabajo, mientras que aquellas que redujeron personal destruyeron 244.735 empleos.