La respuesta fue inmediata. El gobierno de los ayatollah rechazó la propuesta y contraofertó un plan más acotado, de cinco puntos, que a simple vista es una invitación a continuar las hostilidades.
Irán sabe que la guerra militar está perdida, pero también que su resistencia va por otro camino. Mientras mantenga el cierre de facto del estrecho de Ormuz y tenga a tiro la infraestructura petrolera, hídrica y gasística de los Países del Golfo, amenaza causar un enorme daño a la economía estadounidense, al mercado petrolero y al comercio internacional.
Trump tiene la fuerza militar, pero el tiempo le juega en contra. Si fracasa la opción diplomática solo le quedará la carta de una invasión, acotada pero con un contingente poderoso en el terreno.
No es la mejor imagen para una campaña electoral que se avecina en su país. En siete meses, el 3 de noviembre, se someterá a un virtual referéndum popular en las elecciones de medio término. Necesita cerrar el ‘capítulo Irán’ con un discurso victorioso. Los ayatollah, escondidos y debilitados, tienen tiempo para ojear sus cartas.