El legendario líder de Los Redonditos de Ricota murió a los 77 años. La Justicia abrió una causa por «averiguación de causales de muerte» luego de que el cuerpo fuera encontrado en el sector de la pileta. La Policía Científica trabaja en el lugar y se ordenó una autopsia para determinar los motivos del deceso. Consternación y vigilia de sus fieles seguidores.
El panorama musical y cultural de la República Argentina se encuentra sumido en un profundo luto. Carlos Alberto «El Indio» Solari, el enigmático y colosal referente del rock nacional, falleció este viernes a la edad de 77 años en su residencia ubicada en la localidad bonaerense de Parque Leloir, partido de Ituzaingó. El hallazgo del cuerpo activó de inmediato las alarmas de los organismos judiciales y de seguridad, quienes han iniciado una exhaustiva investigación penal para esclarecer con absoluta precisión el contexto y los desencadenantes de su fallecimiento.
Según confirmaron fuentes vinculadas al expediente judicial, el mítico exvocalista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue descubierto sin signos vitales en el patio de su finca, a escasos metros de la piscina. Frente al escenario, tomó intervención inmediata el doctor Lucio Rivero, titular de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Descentralizada N° 2 de Ituzaingó. El fiscal ordenó la apertura formal de una causa caratulada preventivamente como «averiguación de causales de muerte» y se desplazó personalmente hasta la propiedad, situada sobre la calle Calixto Oyuela al 4000, con el objeto de coordinar las pericias esenciales en la escena.
Conforme a las primeras reconstrucciones testimoniales aportadas por el círculo íntimo del artista, el «Indio» Solari compartió una cena familiar habitual durante la noche del jueves. Posteriormente, decidió ingresar a la zona de la pileta, momento en el cual habría sufrido una descompensación severa de carácter fulminante. Las autoridades forenses esperan que los exámenes médicos complementarios y los resultados de la necropsia de rigor —adelantada por protocolo criminalístico por la Policía Científica— aporten certezas definitivas sobre la falla sistémica que culminó en su deceso.
Fuerte operativo policial y vigilia de los fanáticos
La noticia provocó una movilización inmediata en los alrededores de la propiedad. Efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires implementaron un riguroso perímetro de seguridad en la zona, interrumpiendo por completo la circulación de vehículos en las cuadras adyacentes para facilitar el libre desplazamiento de los peritos científicos.
Paralelamente, una multitud creciente de seguidores del músico —autodenominados herederos de las históricas e masivas «misas ricoteras»— comenzó a congregarse de manera espontánea en las afueras del domicilio para brindar su último adiós y manifestar su dolor en una respetuosa vigilia.
La última aparición pública indirecta del cantante se había registrado en enero pasado, cuando envió un emotivo y reflexivo mensaje de agradecimiento al ser galardonado con el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires (UBA), un hito que reafirmó la jerarquía de su prosa dentro del capital de la cultura popular contemporánea.
El adiós a una figura contracultural irrepetible
El magnetismo y la trascendencia del Indio Solari se extendieron largamente más allá de los límites tradicionales del ámbito estrictamente musical. Consagrado como el gran icono de la contracultura rioplatense, su figura estuvo siempre revestida de un halo místico e inexpugnable, sostenido en gran medida por su férrea independencia artística y su calculada distancia de las agendas y plataformas de los grandes medios de comunicación.
En el año 1975, en la ciudad de La Plata, Solari unió voluntades creativas con el guitarrista Skay Beilinson para fundar Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Aquel proyecto subterráneo devino paulatinamente en el fenómeno sociológico más multitudinario del país, editando nueve álbumes de estudio que hoy constituyen pilares insustituibles del cancionero popular argentino. Discos de la magnitud conceptual de Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang!… Estás liquidado y Luzbelito delinearon la identidad musical de varias generaciones gracias al uso de líricas cargadas de metáforas complejas y un sonido visceral.
Tras la disolución de Los Redondos en el año 2001, Solari inició una exitosa andadura en solitario cobijado junto a su banda Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (LFDAA). A través de esta etapa, plasmó su vigencia con cinco trabajos discográficos de gran factura técnica: El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013) y su última obra de estudio, El ruiseñor, el amor y la muerte (2018), logrando sostener convocatorias masivas en el interior del país que rompieron récords históricos de asistencia.
Con su partida física, los canales digitales y las redes sociales se han transformado de forma automática en un masivo, urgente y sentido obituario colectivo que celebra la inmortalidad de su obra