Mayra Blasig, la joven que lleva con orgullo la cultura árabe en la Fiesta del Inmigrante

Dia uno
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Mayra Blasig es la reina de la colectividad de los Países Árabes en Oberá. Ella lleva con orgullo el legado de su bisabuelo libanés. Su candidatura a Reina Nacional del Inmigrante honra a quienes llegaron con sueños de un futuro mejor. Para ella, el rol trasciende el traje típico y se basa en ser la voz de su comunidad.

Mayra Belen Blasig representa a la Colectividad de los Países Árabes en la elección de la Reina Nacional del Inmigrante en Oberá. Tiene 24 años y creció inmersa en las tradiciones de esta comunidad. Su vínculo se forjó desde la infancia, gracias a la activa participación de su madre. Este entorno familiar le permitió conocer las costumbres, la música y los sabores característicos.

Su ascendencia se remonta a su bisabuelo materno, José Cura. Él emigró desde el Líbano a la Argentina en 1907. Llegó al puerto de Buenos Aires con 25 años, junto a sus hermanos. La familia se estableció inicialmente en Apóstoles, Misiones. José se dedicó a la venta de frutas y verduras y luego al transporte público. Posteriormente, la familia se radicó en San Javier.

Mayra reconoce en su madre el legado de sus ancestros

En diálogo con canal12misiones.com, Mayra destaca la influencia de su madre en la preservación de la cultura: “Crecí rodeada de las costumbres y tradiciones árabes que aprendí de mi mamá”. Ella se encargó de mantener viva la cultura a través de la cocina. Preparaba platos típicos que definen la herencia culinaria de la colectividad. Estos sabores fueron una parte fundamental de su vida cotidiana.

Entre los platos que menciona se encuentran el kepi y las esfihas: “Ella siempre está preparando platos típicos como el kepi, una ensalada de trigo muy fresca, y las empanadas árabes conocidas como esfihas”. Estas recetas tradicionales son un vínculo tangible con sus raíces. Representan la herencia familiar que se transmite de generación en generación.

Para Mayra, ser la soberana de su colectividad es un sueño de la infancia. Sin embargo, con el tiempo comprendió que su rol es más profundo. “Entendí que no es solo lucir un traje típico o posar para una foto, es ser la voz y el rostro de nuestra comunidad”, sostuvo. Su función implica conocer y transmitir el significado de cada detalle cultural.

Sobre la Fiesta Nacional del Inmigrante, expresa un mensaje claro. Considera que el evento es mucho más que una celebración: “Es un homenaje a quienes llegaron a estas tierras con sueños, esfuerzo y esperanza”. Destaca que es un espacio donde cada colectividad puede mostrar su historia y cultura. Además, valora la convivencia entre diversas comunidades durante once días.

Finalmente, Blasig ve su participación como un acto de honor hacia sus antepasados. Siente que su presencia en la fiesta honra el sacrificio de quienes emigraron. La fiesta, en su visión, es un recordatorio del valor de la diversidad cultural. Un espacio donde cada tradición contribuye a la identidad argentina.

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