Dirigentes de la derecha italiana homenajearon a Bossi, amigo de Silvio Berlusconi que logró transformar su pequeño partido regionalista en un actor influyente en el gobierno antes de verse afectado por problemas de salud y escándalos de corrupción.
La primera ministra, Giorgia Meloni, lo despidió: “Bossi, con su pasión política, marcó una fase importante de la historia italiana y realizó una contribución fundamental”.
El ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, señaló en X que el líder secesionista había sido “una figura clave para propiciar el cambio en Italia”.
Según informaron medios locales, Bossi murió en Varese, en el norte de Italia, tras haber sido internado brevemente en cuidados intensivos.