Tras el fracaso legislativo, los gobernadores y senadores aliados toman distancia de Javier Milei y paralizan las negociaciones

Dia uno
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El desguace de la ley de tierras en el Congreso desató una crisis profunda en el armado oficialista. Los mandatarios provinciales y los legisladores de los bloques clave advierten que el Gobierno no cumple los acuerdos y congelan el diálogo.

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El Gobierno nacional consumió el último crédito político que le quedaba en el Congreso de la Nación y se chocó de frente con un escenario completamente adverso que pone en riesgo su gobernabilidad. La oposición desguazó el primer proyecto reformista que intentó Javier Milei de una tanda que incluía 90 iniciativas para este año, lo que provocó que el oficialismo perdiera la confianza de los gobernadores aliados en apenas 24 horas. La radicalización de la gestión libertaria dejó al descubierto la fragilidad de sus consensos y provocó el aislamiento de la Casa Rosada.

En cuestión de horas, la mayoría de 44 senadores que ostentaba el oficialismo se diluyó y disparó una crisis interna en sus siempre débiles alianzas. Los legisladores aliados expresaron su fastidio ante la falta de palabra del Ejecutivo nacional. Una senadora que supo tener buen diálogo con los libertarios se quejaba con dureza: “Así no se puede seguir, no cumplen nada”. En la misma sintonía, otro integrante de la Cámara Alta advirtió sobre el nuevo escenario legislativo: “La mayoría automática se terminó”.

La caída de la mitad de la llamada ley de inviolabilidad de la propiedad privada, que sufrió la baja de tres de sus seis capítulos originales, derivó en un futuro incierto para lo que sobrevivió en el Parlamento. El desmembramiento del proyecto tuvo a la Iglesia, sectores militares, científicos y artistas entre sus principales detractores. La mala praxis oficial terminó por coronar el desenlace negativo para el Gobierno, que ahora deberá reducir su agenda legislativa a lo puramente indispensable.

La suerte de la ley empezó a configurarse el fin de semana previo a la sesión. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sabía que no tenía los votos, pero simuló optimismo y redujo el tope de extranjerización de tierras al 25% para intentar contener al radicalismo. Sin embargo, no negoció los cambios con los aliados. Una senadora que decidió votar en contra reveló el impacto que causaron las declaraciones del canciller Pablo Quirno, quien había dejado abierta la posibilidad de que cualquier inversor extranjero comprara una provincia entera: “Cuando lo escuché avisé que no acompañaba”. La legisladora confesó que, tras esa frase, decidió dar la espalda al proyecto oficialista.

La rebelión de las provincias

La falta de tacto político de la Casa Rosada apuró la rebelión de los mandatarios provinciales, quienes salieron de manera coordinada a exponer sus posturas contrarias al proyecto oficial para resguardar sus territorios. Los senadores aliados se cansaron de los malos tratos de los funcionarios nacionales. Uno de los legisladores que participó de las discusiones previas fue categórico: “Son unos prepotentes”.

A pesar de la tensión, el oficialismo logró que los bloques provinciales acompañaran la votación en general para evitar una derrota total en el recinto, aunque bajo una fuerte advertencia de cara al futuro. Otro senador aliado graficó la fragilidad del acuerdo alcanzado sobre el cierre del debate: “Es la última vez, la próxima les digo que voto a favor y les voto en contra”.

La distancia que tomaron los gobernadores también se fundamenta en la caída de la imagen del Presidente en las encuestas y en el temor a que el Ejecutivo no cumpla con los pactos políticos de cara a las próximas elecciones de medio término. Con este antecedente de desconfianza mutua, los mandatarios provinciales no quieren ceder sus votos sin garantías. Un senador nacional analizó el panorama de las reformas pendientes: “Si estiran el tema al año que viene los tiempos dan para la suspensión de las PASO y nada más”.

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