Visión Misionera 2026 | La palta gana terreno y abre una nueva etapa para la fruticultura provincial

Dia uno
Dia uno

Uno de los aspectos que distingue a la palta de otros frutales es el tiempo. No es un cultivo inmediato y eso, paradójicamente, juega a favor. “Desde que empezás con el plantín hasta que tenés la primera producción pueden pasar cinco años. Eso te da tiempo para capacitarte, preparar el suelo y también la cabeza para lo que viene”, remarca Acuña, contrastándolo con cultivos como la banana, donde en un año o año y medio ya se obtiene el primer racimo.

Ese proceso lento exige planificación desde el inicio. Misiones, aclara el investigador, tiene condiciones favorables, pero también desafíos. “No hay chacra que no tenga un árbol de palta, eso habla de la adaptación genética que existe. Pero es un cultivo tropical y el primer enemigo son las heladas. También los extremos de calor, porque con más de 35 grados la palta puede sufrir golpes de calor e insolación”, advierte. Por eso, el manejo del invierno y del verano resulta clave, especialmente en los primeros años.

A esto se suma una particularidad central: la raíz de la palta. “No es una raíz luchadora, necesita que le brindemos el mejor suelo posible”, explica. En ese sentido, Acuña detalla prácticas indispensables como la labranza vertical profunda, el manejo de la pendiente, la cobertura permanente del suelo con cultivos de invierno y verano y la prevención de la erosión. “Un suelo cubierto no solo protege, también reduce la temperatura. El suelo rojo descubierto levanta mucha temperatura”, grafica.

Las experiencias productivas ya existentes permiten trazar un mapa del cultivo en la provincia. Campo Grande aparece como una de las zonas pioneras, con una familia productora que hace más de diez años confió en la palta y la integró a sistemas con yerba mate y té. “Ellos hoy ya están produciendo y vendiendo”, destaca Acuña. A esa experiencia se suman plantaciones en San Vicente y Jardín América, mientras que en Andresito se registran unas 50 hectáreas nuevas, en manos de una docena de productores, todavía en etapa de preparación.

También hay casos en San Javier, donde un productor abastece tanto al mercado fresco —con envíos a Buenos Aires— como a una industria local que procesa la fruta para guacamole. “Ahí no se pierde ni una palta. Eso es clave, porque muchas veces el productor es muy bueno produciendo, pero la venta es el gran problema”, reflexiona el técnico. En Eldorado, agrega, existe una empresa que absorbe fruta para pulpa, como mango y mamón, lo que muestra la importancia de contar con eslabones industriales que acompañen.

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