Ante la caída de los ingresos, el Gobierno nacional acentuó el recorte del gasto en abril y las erogaciones bajaron un 5,7%. El Tesoro nacional postergó pagos para sostener el superávit y la deuda flotante escaló a $4,04 billones. Con la meta del FMI en 1,4%, el Palacio de Hacienda busca un equilibrio estricto que compense el retroceso de la recaudación.
El gasto devengado representa el momento en que el Estado reconoce una obligación de pago al recibir un bien o servicio, independientemente de cuándo se realice el desembolso efectivo del dinero. Este indicador es clave porque refleja el compromiso legal asumido por la administración: cuando un trabajador público cumple su jornada o una empresa entrega una etapa de obra, el gasto se devenga. La brecha que surge cuando este compromiso se registra pero el pago se posterga es lo que constituye la deuda flotante, que permite mostrar el orden administrativo mientras se demora la salida real de la caja.