Amanda Maria Souza de Oliveira tiene casi 40 años, pero durante mucho tiempo logró convencer a familias, vecinos y organismos públicos de que era una nena de 12 que vivía en situación de vulnerabilidad.
Como parte de su modus operandi, usaba nombres falsos, hablaba con voz infantil, llevaba chupetes y mamaderas y contaba historias de abusos, abandono y enfermedades para despertar compasión en sus víctimas