Los investigadores están dilucidando cuánto persiste el virus en el cuerpo y si las personas pueden volver a infectarse rápidamente.
Esta imagen 3d obtenida por medio de datos de tomografía muestra los síntomas de la COVID-19 en los pulmones y el daño general del virus al cuerpo en un hospital estatal de Moscú, Rusia, el 22 de mayo de 2020.FOTOGRAFÍA DE SEFA KARACAN, ANADOLU AGENCY VIA GETTY IMAGES
El viernes 13 de marzo fue un día desafortunado para Fiona Lowenstein. Durante el fin de semana, la joven de 26 años comenzó a tener fiebre, luego a toser y, pronto, se quedó sin aire; le era tan difícil respirar que casi no podía hablar. En el hospital, resultó positiva de COVID-19. Fue internada y se le suministró oxígeno. A los dos días, había mejorado lo suficiente como para irse a casa, pero sus síntomas no terminaron allí.
Comenzó a tener diarrea intensa, perdió el olfato y el dolor de garganta y la urticaria la acosaban. Lo más preocupante fue cuando, luego de un mes de sus síntomas iniciales, comenzó a tener fatiga intensa y graves dolores de cabeza. Lowenstein comenzó a mezclar las palabras y a luchar por concentrarse; se olvidaba lo que quería decir a mitad de la oración. “Sentía como que me había atropellado un camión”, cuenta. “Había días en los que podía trabajar, pero al día siguiente tal vez no podía ni levantarme de la cama”.
Los científicos siguen intentado entender por qué los pacientes de COVID-19 como Lowenstein están teniendo este tipo de recaídas—a veces semanas o meses después de enfermarse

LOS SÍNTOMAS MENOS COMUNES DE LA COVID-19A medida que el virus se expande por el planeta, van apareciendo síntomas menos comunes. Estos son algunos de los que se conocen hasta ahora.
Es posible que los pacientes a largo plazo sigan resistiéndose al virus porque algunos de los coronavirus pueden quedarse en sus tejidos. Los investigadores están averiguando cuánto permanece vivo el virus dentro del cuerpo, una situación conocida como persistencia del virus. Esto puede ser diferente a la excreción viral, el tiempo que alguien que haya tenido COVID-19 expulsa los fragmentos virales, lo que puede provocar falsos positivos en pruebas de diagnóstico.
Es importante entender la persistencia del COVID-19 dado que este conocimiento determina cuánto tiempo la persona contagia, cuánto tiempo debería permanecer aislada y hasta si es posible volver a infectarse.
“Persistencia es una palabra engañosa”, señala Mary Kearney, científica senior que estudia la resistencia a los medicamentos del VIH en el Centro de Investigación de Cáncer del Instituto Nacional de Cáncer. Señala que es especialmente engañosa porque los científicos no saben cómo la persistencia del coronavirus puede variar de acuerdo al individuo o, incluso, al órgano.
Kearner explica que el coronavirus tiene un genoma de ARN en vez de ADN. En otras familias de virus ARN, como la hepatitis C, las infecciones persistentes pueden desencadenar enfermedades hepáticas o cáncer, incluso décadas después de la infección original. “Si hay persistencia a largo plazo, puede haber consecuencias a largo plazo”, menciona. Así que, aunque estos efectos todavía no son evidentes para COVID-19 dada su novedad, deberían ser investigados.
Persistencia versus reinfección
Los científicos utilizan tres categorías generales para definir la persistencia. Con las infecciones virales severas— como el norovirus que produce dolor de estómago— las personas desarrollan síntomas rápidamente y se recuperan completamente en días. Algunos invasores pequeños se quedan— entre ellos, el virus de la varicela-zóster que inicialmente provoca varicela, pero luego se vuelve latente en las neuronas por el resto de la vida del paciente. Otros, como el poliovirus, se manifiestan de forma grave en la mayoría de las personas, pero solo persisten en algunas de ellas, quienes tienen problemas para limpiar al virus de sus cuerpos.https://016173ae2b96ed461c578b9ce708b299.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html
Un factor que complica al COVID-19 es que muchas de las pruebas utilizadas por doctores que hacen el seguimiento de pacientes— o investigadores que recogen muestras en los interruptores de luz de los hospitales—usan el método de reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por su sigla en inglés). Esta prueba busca fragmentos genéticos del virus que son expulsados durante la respiración de las personas o en muestras de heces, orina u otras secreciones. Una prueba PCR puede decirnos si la persona ha contraído la enfermedad recientemente, pero no logra distinguir entre el virus vivo replicándose y los restos virales no infecciosos.
“Aun cuando el virus ya no es infeccioso, hay un periodo de tiempo en el que todavía se puede detectar su ARN”, explica Andrew Karaba, miembro del programa de enfermedades infecciosas de la Universidad Johns Hopkins.
Para buscar virus vivos, los investigadores deben hacerlos crecer desde muestras en tubos de cultivo celular o placas de Petri. Eso no es simple; los hisopados nasales pueden secarse demasiado, o pueden dejar escapar alguna célula infectada. En otros casos, la muestra puede no retener suficientes partículas de virus para el crecimiento. Además, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos recomiendan que el virus SARS-CoV-2 sea aislado y estudiado en laboratorios seguros con un nivel de bioseguridad 3 o mayor.