Aunque finalmente otro jugador de Cruzeiro recuperó la pelota, lo que pasó desapercibido —a metros de uno de los árbitros asistentes— fue que Christian le metió la mano en la cola a Bareiro, lo que le hizo perder el equilibrio y la posesión.
El atacante de Boca protestó la acción, que no fue sancionada ni revisada, por lo que su rival no recibió ningún tipo de advertencia. Según las reglas de la IFAB (International Football Association Board), el uso de gestos ofensivos, insultantes o abusivos, así como conductas violentas o indecentes, conlleva la expulsión inmediata. Por lo que el jugador brasileño se salvó de la tarjeta roja.