Las ventas de automóviles cayeron en marzo y se desplomaron aún más en abril. Los restaurantes y los hoteles reciben menos clientes a medida que los hogares se vuelven cautelosos. En el sur de China, miles de trabajadores de fábricas de juguetes protestaron la semana pasada después de que sus empresas colapsaran por el aumento de los costos del plástico y los aranceles vigentes en Estados Unidos.
Los primeros signos de tensión ponen de manifiesto que incluso China, con sus vastas reservas estratégicas de petróleo y enormes inversiones en energías renovables, no es inmune a las fuerzas que presionan a las economías de todo el mundo.
Durante muchas semanas, China había parecido soportar las consecuencias de la guerra, una opinión reforzada por datos económicos bastante sólidos hasta marzo. Pero con la guerra en su novena semana sin un final claro, empiezan a aparecer grietas.
“La economía se está desacelerando”, dijo Alicia García-Herrero, economista jefa para Asia-Pacífico de Natixis, una empresa financiera francesa. China podría tener dificultades para alcanzar el objetivo de crecimiento del 4,5 por ciento o más para este año, añadió