Los habitantes de La Pintana, una de las comunas más humildes de la periferia de Santiago de Chile, tienen «hartas (muchas) esperanzas» en que el futuro Gobierno de Gabriel Boric impulse reformas sociales en el país que cambien la realidad de este barrio abandonado por el Estado y golpeado por la pobreza, la inseguridad y el narcotráfico.
Casas bajas, pequeñas y enrejadas, se suceden una detrás de la otra en esta comuna periférica del sur de Santiago, de 190.000 habitantes, en cuyas calles escasean los comercios y servicios, se acumulan bolsas de basura y se ven incluso carros tirados por caballos.
Una realidad que contrasta con los rascacielos del centro de la capital y las mansiones de Las Condes, situadas a poco más de media hora de distancia en auto.
Como dicen sus residentes, «De (la céntrica) Plaza Italia para acá es otro país», estigmatizado por el narcotráfico, la delincuencia, la pobreza y la escasez de servicios básicos.
Esta zona superpoblada, donde abuelos, padres e hijos conviven en viviendas sociales de 30m2, fue uno de los bastiones de Boric, en las que el presidente electo ganó tanto en la primera (30%) como la segunda vuelta (73%) de las elecciones.
No es casualidad que esta comuna haya sido elegida por el futuro presidente como el lugar donde realizará su primer baño de masas el próximo domingo, en un acto cultural con vecinos.
La Pintana es un reflejo de la desigualdad extrema que azota a Chile, donde según las cifras del World Inequality Report de 2022, el 1% más rico de la población concentra el 49,6% de la riqueza total del país.
Marginados por el Estado, los pobladores de la comuna tienen expectativas en el que nuevo Gobierno realice las reformas necesarias para mejorar sus condiciones de vida.
LA CRISIS DE LOS CUIDADOS GOLPEA A LOS BARRIOS MÁS VULNERABLES DE LA PERIFERIA
La crisis de los cuidados a personas mayores, minusválidos o niños golpea con fuerza a los barrios más vulnerables de la periferia de Santiago, donde los adultos mayores y los niños son los principales afectados.
«Es necesario que se preocupen más de los niños abandonados y de los adultos mayores. Un adulto mayor tiene que cuidar a otro adulto mayor y la depresión es terrible», dijo a Télam María Ojeda, una jubilada de 70 años del centro de adultos mayores José Obrero.
Para Ojeda, el sistema nacional de cuidados que pretende instalar el futuro Gobierno de Gabriel Boric sería una solución a esta crisis, que quedó sobre todo plasmada durante la pandemia de coronavirus.
«Que le paguen a la persona que cuida porque hay miles y miles de personas que cuidan y el Estado no sabe. Siempre salen a la luz las cosas de los barrios altos, pero en los barrios más bajos la gente es la que más sufre porque su presupuesto es menor para pagarle a alguien que le ayude para cuidar a gente postrada o a niños», sentenció.
En estos barrios padres y madres salen a trabajar hacia el centro de la ciudad y pierden al menos cuatro horas por día en el traslado entre sus hogares y sus empleos.
«Hay muchos niños solos en la casa. Los padres se demoran en viajar y llegan a sus casas a la medianoche. Entonces, no hacen familia y muchos niños están abandonados», lamentó, por su parte, Nancy Hormazábal Padilla, presidenta de la junta vecinal San Francisco III.
Una situación que, a su juicio, favorece la deserción escolar y la caída de los jóvenes en la drogadicción, en un barrio donde el narcotráfico es moneda corriente.
Por ello, la propuesta de 40 horas semanales de trabajo incluida en el programa del futuro Gobierno de Boric sería «beneficiosa» para los residentes del barrio, explicó a Télam Cristina Durán, una jefa de hogar de 37 años.
“Espero que se termine todo esto con las nuevas reformas que se van a hacer. Tenemos hartas esperanzas en el nuevo presidente, pero para eso tenemos que trabajar en conjunto con ellos porque este Gobierno (de Sebastián Piñera) nos dejó en un hoyo», dijo a Télam Nancy Hormazabal Padilla, presidenta de la junta vecinal San Francisco III.
Junto a una decena de voluntarios, Nancy participa de una red de distribución de alimentos que por una módica cuota reparte cada semana canastas con productos básicos a más de 600 familias, muchas de las cuales no pudieron recuperarse del impacto de la pandemia.
«Llegaron a haber más de 100 ollas comunes en la Pintana y algunas se transformaron en comedores solidarios y eso se mantiene. Principalmente, van adultos mayores que están en situación de calle», explicó, por su parte, el dirigente social Freddy Campos.
Para ambos, la prioridad es que el futuro Ejecutivo efectúe su propuesta de reforma tributaria, que busca recaudar 8% del PIB en ocho años, una condición clave para financiar un programa social que estiman costará unos 12.500 millones de dólares.
Entre las medidas más urgentes para los habitantes, destacan el acceso a la vivienda, la educación gratuita y la mejora del sistema de salud pública.
«Ojalá la educación fuera pública porque es muy caro y para una familia que tiene varios hijos, el hijo tiene que estudiar y trabajar para poder pagar sus estudios porque no alcanza», dijo a Télam Cristina Durán, de 37 años, madre de 4 hijos y voluntaria en la junta vecinal Villa Salvador Dalí.
«Nosotros como personas pobres no nos alcanza para darle la educación de nivel superior en lo que quieren ellos», agregó, mientras repartía comida entre los vecinos.
Si bien en La Pintana existen escuelas municipales, según explicaron los delegados vecinales, la distribución de fondos públicos es muy desigual en los municipios de Chile y la comuna recibe diez veces menos de inversión per cápita anual que los barrios más pudientes como Las Condes o Vitacura.
También la presencia de atención médica es escasa en este barrio, donde sólo existen seis consultorios de atención primaria que están desbordados, por lo que la junta vecinal de San Francisco III comenzó a ofrecer un servicio gratuito de revisión ginecológica en su sede.
«Yo me atiendo en la salud pública, pero se me complica mucho porque estamos al margen y todo se demora. Mi hija está esperando hace tres años una operación súper simple, es solo extirparle las amígdalas. Imagínate», expresó a Télam Ana Navarrete, de 39 años, delegada en la junta vecinal Villa Salvador Dalí.
«Si uno quiere una buena salud, tiene que pagar para ir a las tremendas clínicas que hay aquí. La atención primaria no tiene fondos para hacer prevención», se lamentó Nancy.
Otro de las reformas más importantes para los habitantes de este barrio es la previsional, en un país donde la jubilación mínima está por debajo de los índices de pobreza.
«Ojalá la educación fuera pública porque es muy cara»
«Que se mejore la pensión de los mayores porque han trabajado toda su vida y que reciban una pensión mísera es terrible. Las cosas suben y suben y el sueldo no», explicó a Télam María Ojeda, una jubilada de 70 años de centro de adultos mayores José Obrero.
En líneas generales, los vecinos adhieren al programa de Boric, del cual fueron invitados a participar en reuniones para elaborar el proyecto.
Pese a las grandes expectativas, son conscientes que los cambios no serán inmediatos.
«Desgraciadamente, no puede ser todo al tiro, tiene que ir piano piano. Creo que este es un programa para más de cuatro años», explicó Nancy y agregó: «Además hay que ver qué va a pasar con la Constitución, todo está por verse».
Sin embargo, los residentes consultados coincidieron en que si el futuro Ejecutivo no avanza como tiene previsto o el Congreso bloquea la gobernabilidad, la ciudadanía volverá a salir a las calles para reclamar por sus derechos.
«Si uno no protesta, no consigue nada. Todo lo hemos conseguido en la calle, nada ha sido gratis», concluyó la presidenta de la junta vecina San Francisco III.
LA INSEGURIDAD Y EL NARCOTRÁFICO GOLPEAN A LA PERIFERIA SUR DE LA CAPITAL CHILENA
La inseguridad es una de las mayores preocupaciones de los vecinos de La Pintana, una comuna periférica del sur de Santiago de Chile, golpeada por el narcotráfico y la delincuencia.
«Es urgente erradicar la delincuencia. Necesitamos más vigilancia, más carabineros y policía en general, por lo que conlleva la delincuencia y el tráfico de drogas en el barrio», explicó a Télam Jacqueline Mella Molina, una dirigenta social de 57 años.
El narcotráfico está sobre todo presente en el sur de La Pintana, en el sector conocido como Castillo.
Sin embargo, la inseguridad afecta a todo el municipio, en el que son frecuentes los enfrentamientos entre bandas rivales de narcotraficantes y, por tanto, los casos de balas perdidas en las que los vecinos quedan en medio del fuego cruzado.
Según cifras de la Policía de Investigaciones de Chile, ocho niños y adolescentes fueron víctimas de este fenómeno en La Pintana entre 2017 a 2020, siendo el municipio más afectado al respecto en la región capitalina.
«La Pintana es un barrio complicado. Estamos en el límite entre la pobreza y aquí es complicado salir a la calle o llevar a un niño una plaza», dijo a Télam Ana Navarrete, delegada de la Junta de Vecinos Villa Salvador Dalí.
Según contaron a Télam los vecinos, muchos de los traficantes se aprovechan de la pobreza que afecta a los habitantes y actúan como «padrinos», mientras que se sirven de los niños como «soldados».
«Por aquí entra la droga y los narcos buscan soldados entre los niños para que les avisen si pasa la policía o incluso para que vendan la droga que ellos tienen. Es así que el narcotráfico sigue creciendo», explicó a Télam Nancy Hormazábal Padilla, presidenta de la junta vecinal San Francisco III.
Un hecho que, a su juicio, favorece la deserción escolar.
«En La Pintana hay tanta delincuencia porque no tenemos carabineros. Hay uno cada mil habitantes, mientras que en (el barrio pudiente) Las Condes hay uno cada 100», señaló, por su parte, Freddy Campos, dirigente social del barrio, en diálogo con Télam.
A su juicio, en la periferia de la capital no hay una preocupación por generar una igualdad, sino que se busca mantener el mismo estatus y la separación entre las comunas pudientes y las más vulnerables.
Según datos del Ministerio de Desarrollo Social chileno, el índice de pobreza multidimensional alcanzaba en 2017 a un 32,7% de las personas en La Pintana, que es la quinta más pobre de la Región Metropolitana, de las 52 existentes.
fuente Telam