Buenos Aires | Un rayo cayó en un Jockey Club de San Isidro y mató a cuatro yeguas de polo: el cuidador sobrevivió de milagro

Dia uno
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Un dramático episodio ocurrió este miércoles por la mañana en el predio del Jockey Club de San Isidro, cuando la caída de un rayo en medio de las intensas lluvias en el AMBA provocado la muerte de cuatro yeguas de polo y afectó a otros dos equinos. El cuidador a cargo de los animales fue derribado por la onda expansiva y voló tres metros al piso, aunque se encuentra fuera de peligro y no necesitó internación. Especialistas explicaron el impacto de los elementos metálicos e indicaron que los caballos sobrevivientes difícilmente puedan volver a competir.

Un impactante hecho se registró este miércoles por la mañana en el predio del Jockey Club de San Isidro, en el marco de las intensas precipitaciones que afectaron al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Un rayo cayó directamente en la cancha 6 del predio mientras se realizaba una práctica de polo, provocando la muerte instantánea de cuatro yeguas de entre cinco y seis años de edad. En el momento de la descarga se encontraban 20 animales en la pista al cuidado de un petisero, quien milagrosamente resultó sin heridas de gravedad.

Fuentes internas del Jockey Club explicaron que los equinos involucrados no pertenecían a un único equipo, sino que eran de diversos socios y participaban de una práctica informal o «mote». Los animales habían sido trasladados al predio para afrontar la temporada de actividades que se extiende durante seis meses, previo a su regreso al descanso en campos situados en Pilar, General Rodríguez o Tortuguitas. Como consecuencia directa del impacto ambiental, otros dos caballos fueron alcanzados por la descarga eléctrica, cayeron al suelo, pero lograron recuperarse con el correr de los minutos.

Respecto a la situación del petisero a cargo de la tropilla, se confirmó que el trabajador fue despedido unos tres metros hacia atrás producto de la violencia de la onda expansiva y cayó de espaldas. Pese al dramático cuadro, recibió asistencia médica en el propio predio y no requirió hospitalización. Raúl Varela, fletero de equinos y trabajador del lugar, detalló que el hombre no sufrió secuelas graves debido a que no se encontraba pegado a las cuatro yeguas que perecieron, y aclaró que no se registraron otras personas afectadas durante la jornada.

Varela puntualizó que los equinos resultan sumamente vulnerables ante este tipo de fenómenos debido a que la vestimenta y montura contienen piezas metálicas como herraduras, estribos de hierro y filetes, elementos que actuaron como conductores de la descarga eléctrica. A ello se suma la propia anatomía del animal, caracterizada por la separación de las patas sobre el suelo y un volumen sanguíneo superior al de un ser humano. Un detalle que sorprendió a los presentes fue la destrucción total de las vendas rojas que cubrían los tobillos de las yeguas, fenómeno que un veterinario especializado atribuyó al recorrido descendente de la energía del rayo hasta salir por los cascos hacia la tierra, dejando el pelo abrasado en esa zona. El profesional advirtió que los dos animales sobrevivientes permanecen bajo observación clínica y que, debido a posibles secuelas como la rotura de tímpanos, es muy poco probable que puedan volver a la actividad deportiva.

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