La crisis con Brasil alcanzó un nivel inédito y se sumó al enfrentamiento abierto entre Lula da Silva y Donald Trump, a dos meses de las elecciones en las que el presidente brasileño buscará su reelección.
La política chica finalmente le ganó a la política de Estado. El vínculo bilateral se cumplirá ahora entre “encargados de negocios” y todo hace prever que esta situación se extenderá por lo menos hasta los comicios del 4 de octubre en el país vecino.