El juicio por el asesinato del exjugador de Los Pumas Federico Martín Aramburú, ocurrido en marzo de 2022 en París, llegó a su término este viernes con la condena a 26 y 19 años de prisión para los militantes de extrema derecha Loïk Le Priol y Romain Bouvier, respectivamente, en un fallo donde la Justicia francesa también dictó penas para dos allegados que colaboraron en la huida y logística del crimen, desestimando la hipótesis de legítima defensa presentada por los acusados.
En una jornada decisiva en los tribunales de París, la Justicia de Francia emitió condenas ejemplares para los responsables del homicidio del exintegrante del seleccionado argentino de rugby Federico Martín Aramburú, ocurrido el 19 de marzo de 2022 a la salida de un establecimiento gastronómico de la capital francesa.
El tribunal dictó una pena de 26 años de prisión para Loïk Le Priol y de 19 años de prisión para Romain Bouvier, tras encontrarlos culpables del ataque a tiros que acabó con la vida del deportista de 42 años. Asimismo, Antony Sorrentino —amigo de Bouvier que prestó asistencia para su posterior fuga— recibió una condena de tres años de cárcel efectiva, mientras que Lyson Rochemir —expareja de Le Priol— fue sentenciada a tres años de prisión, de los cuales 30 meses quedaron bajo régimen de suspensión. Durante el proceso, la Fiscalía había solicitado penas de 27 años para Le Priol y de 20 años para Bouvier.
La reconstrucción del ataque en las calles de París
El crimen se desencadenó durante la madrugada del sábado 19 de marzo de 2022, tras un altercado verbal dentro de un bar parisino. Al finalizar el altercado, Aramburú se retiró caminando en dirección a su hotel junto a su socio, amigo y excompañero de equipo, Shaun Hegarty.
En el trayecto, un automóvil en el que circulaban los agresores se detuvo abruptamente al alcance de los rugbiers. Ambos ocupantes descendieron del vehículo y, sin mediar palabra, abrieron fuego contra ellos. Las investigaciones y la reconstrucción acusatoria determinaron que Bouvier efectuó los primeros disparos, mientras que Le Priol ejecutó las descargas mortales. Aramburú falleció en el acto en plena vía pública, en tanto que su acompañante Hegarty resultó ileso.
Las imágenes obtenidas de las cámaras de seguridad resultaron determinantes para la identificación de los culpables. Ambos contaban con antecedentes por hechos violentos y una activa militancia juvenil en una organización de extrema derecha. Aunque Le Priol reconoció en el debate haber efectuado los disparos fatales y pretendió argumentar que actuó en legítima defensa frente a una supuesta agresividad de los deportistas, las pruebas desmontaron dicha versión.
La acusación fiscal: «Granadas sin seguro»
Durante el alegato final, el fiscal de la causa, Philippe Courroye, desestimó de plano la existencia de una «agresividad natural» en Aramburú y recordó que la secuencia del crimen fue una persecución planificada en auto luego de que la víctima se retirara de la disputa inicial. Testigos presenciales confirmaron ante el tribunal que el origen de la discusión en el restaurante se debió a la actitud ofensiva de los acusados.
El fiscal caracterizó a los dos condenados como «granadas sin seguro», fascinados por la violencia, la portación de armas y la simbología nazi, ideología que —remarcó— jamás abandonaron. Al calificar el accionar de los agresores como «una mecánica asesina que condujo a lo irreparable», Courroye definió en su alegato a Federico Aramburú como «un buen hombre» y «padre de familia» que al momento del ataque se encontraba completamente desarmado